domingo, 4 de marzo de 2018

Técnica de pedaleo (I)

Cuando pronunciamos esas tres sencillas palabras, normalmente, la persona que tenemos delante suelta un "¿eso qué es?" que le viene de muy adentro. No es que suene a chino, pero es uno de los aspectos fundamentales en torno al rendimiento ciclista que más olvidado está.

Si la conversación fuera con un ciclista probablemente habrá oído hablar de la técnica de pedaleo y sabrá hacernos un pequeño boceto, aunque tal vez después nos dirá que no la trabaja mucho ni sabe exactamente en lo que consiste.

Si intentamos hacer una pequeña y rápida aproximación a todo el mundo le sonará este gráfico:


En él podemos observar todos los grupos musculares que intervienen durante el pedaleo y en qué fase de este actúan. En una simple imagen ya vemos muchos datos que tal vez no conocemos, así que vamos a ir punto por punto.

Empezaremos por pensar que pedaleamos en un sistema cerrado y totalmente externo al cuerpo humano, que son el conjunto de las bielas y pedales de la bicicleta. Como decimos los fisioterapeutas, el pedaleo es un conjunto de movimientos en cadena cinética cerrada.

En ese sistema de 360 grados trabaja el cuerpo humano y dependiendo de los autores que citemos podremos diferenciar varias fases. Simplificándolo, encontraremos dos: fase descendente o de propulsión y fase ascendente o de recobro.

En cada una de esas fases trabajan diferentes grupos musculares. Aunque en el anterior gráfico podemos ver los músculos que trabajamos en cada pedalada, no se detalla en qué porcentaje o intensidad actúa cada uno.

Sin duda, el músculo más potente de los implicados en el pedaleo es el cuádriceps, encargado de la extensión de rodilla durante la fase de propulsión. Pero ojo, ¡no es el único! Formando una sinergia, el trabajo de los músculos se encadena para hacer el gesto lo más eficiente posible.

Comenzamos la pedalada gracias a los extensores de cadera, conforme el pedal va descendiendo empieza a generar fuerza el cuádriceps que extiende la rodilla y generará el máximo pico de potencia poco después de que los gemelos comiencen a contraerse para trasmitir toda esa fuerza al pedal y que el tobillo no caiga hacia la flexión plantar que nos disiparía fuerza. Una vez alcanzado el punto más bajo del pedal, comenzará la fase ascendente el tibial anterior y extensores de los dedos levantando el pie para que luego los isquiotibiales flexionen de nuevo la rodilla y finalmente los flexores de cadera con el psoas iliaco al mando posicionen el pedal en el punto más alto y listo para comenzar la siguiente pedalada.

Y  todo esto está escrito en negritas, cursivas y con muy pocos puntos porque el pedaleo es un movimiento para nada natural, complejo, continuo y de integración total de los grupos musculares de nuestro cuerpo (¡no solo de miembros inferiores!). Algunos fisioterapeutas nos dedicamos al movimiento, bien sea para rehabilitar, recuperar funcionalidad, eliminar el dolor o compensar una disfunción muscular. Pero lo que nos diferencia de otros profesionales es que  trabajamos la calidad del movimiento del cuerpo humano. No es lo mismo mover la mano y los dedos que ser capaz de dibujar o tocar un instrumento. Y esa misma calidad del movimiento es la que diferencia a los ciclistas con una buena eficiencia del pedaleo de los que no.

La sinergia de grupos musculares de la que hemos hablado hasta ahora tiene un único cometido en el ciclismo: trasmitir la mayor potencia posible a los pedales con el menor consumo energético posible.

Esa potencia, que ya casi todos los ciclistas sabemos que se mide en vatios, es la encargada de propulsar nuestra bicicleta. Y esos vatios son limitados, no somos un formula 1. Por muchos vatios que seamos capaces de generar, si no los aplicamos bien, no nos sirven de nada.

Dos ciclistas, pesando y midiendo lo mismo (y obviando otros muchos parámetros mas) pueden generar la misma cantidad de vatios y sin embargo uno puede ser más rápido que el otro, porque esos vatios no los ha aplicado en la dirección apropiada.

En la próxima entrada os cuento más sobre cómo tenemos que aplicar estos vatios para ser más eficaces o más eficientes y cómo podemos medirlo, porque si sigo escribiendo voy a acabar el libro antes de si quiera haberlo empezado.