domingo, 4 de marzo de 2018

Técnica de pedaleo (II)

En la primera entrada os contaba la importancia de la técnica de pedaleo, cómo la definimos y qué grupos musculares intervienen. Hoy vamos a hablar de cómo la podemos evaluar y como la podemos medir para trabajarla e intentar mejorar.

Como os contaba, podemos ser capaces de generar 300W y aplicarla a los pedales, pero dependiendo de cómo hagamos esa aplicación, a la rueda llegaran 150W o 200W. Cuando pedaleamos, la fuerza que hacemos para propulsarnos se encuentra con otras fuerzas opuestas que lastrarán nuestro rendimiento.

No sólo el desnivel de la carretera y nuestro peso van a jugar en nuestra contra, sino también el rozamiento de la transmisión de la bicicleta, del neumático con la carretera o el aire.
Si intentamos quitarle peso a las anteriores, realizando un buen mantenimiento de la bicicleta, eligiendo correctamente los neumáticos y la presión de inflado, podremos no perder nuestras fuerzas en esos pequeños detalles.

Si nuestra posición es más aerodinámica nuestro CdA (coeficiente de aerodinámica) será mejor y ahí ahorraremos fuerza en otro detalle más. No olvidemos que para buscar una posición aerodinámica primero tendremos que haber encontrado y testado una posición que seamos capaces de mantener y en la que nuestro cuerpo trabaje al 100% de sus capacidades.

Una vez aclarados todos esos detalles, nos centramos exclusivamente en el pedaleo. El sistema de las bielas es totalmente cerrado. Nuestro cuerpo siempre va a pedalear en una circunferencia cuyo radio de giro dependerá  de la largura de la biela (y de la altura del pedal y del grosor de la suela de la zapatilla).

Así, para aplicar la fuerza de manera correcta, debemos realizarla de forma tangencial a la circunferencia y totalmente perpendicular al eje del pedal, es decir, sin desviaciones. Si conseguimos eso durante los 360 grados, tendremos una pedalada perfecta y una eficiencia de pedaleo del 100%. Como se suele decir, una pedalada redonda.

Nuestro cuerpo no está diseñado únicamente para pedalear y es por eso que casi ningún ciclista se aproxima a esos valores y los que lo intentan, están condenados a mantenerlo apenas unos segundos por la elevada exigencia al sistema neuromuscular.

Llegados a este punto es donde entraríamos a valorar la instalación de platos ovalados, pero ese tema da para otra entrada del blog.

Para optimizar nuestro pedaleo, deberemos llevar las calas correctamente posicionadas, una largura y anchura de las  bielas que se adapte a nuestra anatomía, el peso bien repartido sobre nuestra bicicleta y una posición que nos permita desarrollar toda la fuerza disponible en nuestro cuerpo.
En la siguiente imagen podéis ver cómo podemos valorar las fuerzas que realizamos al pedalear. Hay diferentes sistemas en el mercado para medirlo. Unos son de uso en laboratorio, como el potro de Bikefitting o rodillo Computrainer y otros son aplicables también en nuestros entrenamientos por la carretera, como los pedales Vector de Garmin o el potenciómetro Pioneer.

En este caso hemos obtenido un pantallazo de los datos que nos puede ofrecer el  potenciómetro Pioneer. En él podemos ver que no sólo mide los W que movemos sino cómo lo hacemos. Podemos ver la cadencia, la fuerza, la eficiencia del pedaleo y un interesante gráfico en el que vemos el equilibrio en W entre una pierna y otra y los vectores de aplicación de la fuerza en cada momento según la posición de la biela.

Con un sistema de laboratorio podemos medir y valorar estos detalles para trabajarlos. Con un sistema outdoor seríamos capaces no solo de medirlo sino además de trabajarlo en cada uno de nuestros entrenamientos.