En la primera entrada os contaba la importancia de la
técnica de pedaleo, cómo la definimos y qué grupos musculares intervienen. Hoy vamos a hablar de cómo la podemos evaluar y como la
podemos medir para trabajarla e intentar mejorar.
Como os contaba, podemos ser capaces de generar 300W y
aplicarla a los pedales, pero dependiendo de cómo hagamos esa aplicación, a la
rueda llegaran 150W o 200W. Cuando pedaleamos, la fuerza que hacemos para
propulsarnos se encuentra con otras fuerzas opuestas que lastrarán nuestro
rendimiento.
No sólo el desnivel de la carretera y nuestro peso van a
jugar en nuestra contra, sino también el rozamiento de la transmisión de la
bicicleta, del neumático con la carretera o el aire.
Si intentamos quitarle peso a las anteriores, realizando un
buen mantenimiento de la bicicleta, eligiendo correctamente los neumáticos y la
presión de inflado, podremos no perder nuestras fuerzas en esos pequeños
detalles.
Si nuestra posición es más aerodinámica nuestro CdA (coeficiente
de aerodinámica) será mejor y ahí ahorraremos fuerza en otro detalle más. No
olvidemos que para buscar una posición aerodinámica primero tendremos que haber
encontrado y testado una posición que seamos capaces de mantener y en la que
nuestro cuerpo trabaje al 100% de sus capacidades.
Una vez aclarados todos esos detalles, nos centramos
exclusivamente en el pedaleo. El sistema de las bielas es totalmente cerrado.
Nuestro cuerpo siempre va a pedalear en una circunferencia cuyo radio de giro
dependerá de la largura de la biela (y
de la altura del pedal y del grosor de la suela de la zapatilla).
Así, para aplicar la fuerza de manera correcta, debemos
realizarla de forma tangencial a la circunferencia y totalmente perpendicular al eje del pedal, es decir, sin desviaciones. Si
conseguimos eso durante los 360 grados, tendremos una pedalada perfecta y una
eficiencia de pedaleo del 100%. Como se suele decir, una pedalada redonda.
Nuestro cuerpo no está diseñado únicamente para pedalear y
es por eso que casi ningún ciclista se aproxima a esos valores y los que lo
intentan, están condenados a mantenerlo apenas unos segundos por la elevada
exigencia al sistema neuromuscular.
Llegados a este punto es donde entraríamos a valorar la
instalación de platos ovalados, pero ese tema da para otra entrada del blog.
Para optimizar nuestro pedaleo, deberemos llevar las calas
correctamente posicionadas, una largura y anchura de las bielas que se adapte a nuestra anatomía, el
peso bien repartido sobre nuestra bicicleta y una posición que nos permita
desarrollar toda la fuerza disponible en nuestro cuerpo.
En la siguiente imagen podéis ver cómo podemos valorar las
fuerzas que realizamos al pedalear. Hay diferentes sistemas en el mercado para
medirlo. Unos son de uso en laboratorio, como el potro de Bikefitting o rodillo
Computrainer y otros son aplicables también en nuestros entrenamientos por la
carretera, como los pedales Vector de Garmin o el potenciómetro Pioneer.
En este caso hemos obtenido un pantallazo de los datos que
nos puede ofrecer el potenciómetro
Pioneer. En él podemos ver que no sólo mide los W que movemos sino cómo lo
hacemos. Podemos ver la cadencia, la fuerza, la eficiencia del pedaleo y un
interesante gráfico en el que vemos el equilibrio en W entre una pierna y otra
y los vectores de aplicación de la fuerza en cada momento según la posición de
la biela.
Con un sistema de laboratorio podemos medir y valorar estos
detalles para trabajarlos. Con un sistema outdoor seríamos capaces no solo de
medirlo sino además de trabajarlo en cada uno de nuestros entrenamientos.
